miércoles, 8 de diciembre de 2010

sí, la amabilidad puede ser infalible y mal mirada.

jueves, 2 de diciembre de 2010

sin.

no te lo tomes tan a pecho, yo no lo haré. asi que no le des importancia, solo estoy molesto.

prud

si fuiste poco prudente al no hacerlo, deberías ser más prudente al explicarte. yo si lo fui, y perdí. la prudencia no sirvió, o eso dicen. y voltié y voltié otra vez. estaba donde mismo. y no pudiste hablar, no pudiste decir nada convincente, solo hablabas y hablabas, pero sin sentido, nada con la prudencia y sabiduría que yo si sé que tienes.

pru

ser poco prudente. prudencia.

lunes, 29 de noviembre de 2010

humano hablando

Sentir que no puedes confiar, porque al otro no le importas. O le importas cuando le conviene. La amistad o el compromiso con otro se genera por el deseo de compartir, por un respeto mutuo, por no tergiversar lo dicho y creer en las palabras. Es una forma de expresión que se extingue. Letra por letra se va formando una palabra y así frases, y asi el mundo. Saber decir, saber expresar, saber abrirse. Se extingue, no hay comunicación por los ojos. No sé confiar, pero quiero hacerlo. No se querer, pero quiero hacerlo. No quiero odiar, y lo hago. Estar alejado de uno mismo es estar en la nada. Tu propia nada, con tu tierra y tu cielo, que se dan vuelta, y que no están, y aparecen y se van, pero sigue siendo nad . Completar la palabra, ¿sigues hablando?

viernes, 14 de diciembre de 2007

Agustín anda perdido [3ª parte]



Su casa era adorable, nada del otro mundo, hasta se parecía a la mía, bien del sure, asi como con palitos y la chimenea, pero ésta no tenía chimenea, pero si era acogedora y súper simple... Esa era la casa de Doña Verónica y su hijo Hernán, ellos habían sido las amables personas que me habían ayudado cuando torpemente caí en esa micro del mal. En mi inconsciencia me llevaron al hospital y se hicieron cargo de mi casi como un amigo más de la familia. Pero no fue sólo eso. Entre su generosidad, y yo creo que la mezcla de mi cara de perro degollao´y de angelito, me llevaron a su propia casa, bueno, claro estaba, antes les había contado todo el cuento de mi tío (no el cuento del tío, ya?) y ellos me ayudaron y todo eso.

Hernán me dijo que me podía quedar en su pieza, que tenía un lugar dónde podría dormir. Subimos, y fue realmente genial. Casi como entrar a un paraíso de magia y de todas esas cosas que se ven en la televisión. La pieza era graaaaande y tenía muchos colores en las paredes, y otras figuras, y le pregunté por cada una de ellas, pero parece que no le gustaba mucho que le hicieran preguntas porque vi en su cara algo de así como nosé molestia, pero bueno, da lo mismo... Doña Verónica, que me había dicho que no le dijera más "Doña", sino Tía, me pidió que le avisara a mi mamá y que así le podría avisar a mi tío, y bueno así lo hice. Todo estaba solucionado.

Cuando ya eran como las 12 de la noche nos fuimos a acostar, ya habíamos hablado mucho de nuestra vida, de mi vida en el sur, de mi casa y mi familia, de mi mamita celinda, y de mi tata, y de mi vaca florencia y todo eso del sur. Y ellos me hablaron de su vida en Santiago. De la bip, del transantiago, de la gente, de arte (porque tía Verónica [jaja] era profesora de arte, y Hernán pintaba muy bien, si hasta se había ganado un premio súper importante). Cuando nos acostamos nos quedamos conversando con Hernán, y fue súper grato porque, de partida la casa ya se parecía a la mía, y segundo, él era amable, yo me había equivocado, no estaba molesto, sólo un poco extrañado de que alguien como yo preguntara tanto por sus pinturas... y pasada una hora, me dormí.


[Hoy debo dar gracias: Hernán, Diego, Cote, Fabián, La desconocida María José y "Mala Onda"]

lunes, 15 de octubre de 2007

Agustín anda perdido [2ª parte]


Un ojo abierto, otro cerrado, otro abierto, otro cerrado, que se pega uno y se abre el otro, que abro el otro y me llora el uno. Cuando desperté con suerte podía abrir los ojos, los sentía pesados y con una sensación desagradable, como con hormigas. Estaba en una salita, tirado en una cama, y en frente mío una señora que miraba fijamente mi cara. -¿Qué pasó?- pregunté con una voz algo cansada. -Te caíste en la micro y quedaste inconsciente, te trajeron de emergencia al hospital-. Y en ese preciso instante recordé todo; me tenía que bajar de la micro pero como frenó tan bruscamente, choqué con un fierro y puaj! Agustín tirado en el suelo. Entendí entonces que aquella mujer era la enfermera y como mi mamá me dijo que si no entendía cualquier cosa, preguntara, eso hize. -Me duelen los ojos ¿Qué tengo?- -Lo que pasó fué que chocaste con el fierro y luego caíste de frente al piso, según lo que nos explicaron cuando llegaste, entonces te pegaste en la nariz y debe ser también que en los ojos, porque los tienes algo hinchados-. Ahí entendí todo nuevamente, porque aquel cosquilleo, y porque el peso. Pero! ¿Y mi tío? Tenía que llegar a su casa y rayos! estaba ahí acostado! sin saber nada! Le pregunté a la enfermera si me podía levantar y me dijo que no, que tenía que estar en reposo y en observación. ¿Cómo iba a avisarle a mi tío que estaba ahí, si no tenía su número ni nada de él? Y aquí aparece Doña Verónica y su hijo Hernán...