viernes, 14 de diciembre de 2007

Agustín anda perdido [3ª parte]



Su casa era adorable, nada del otro mundo, hasta se parecía a la mía, bien del sure, asi como con palitos y la chimenea, pero ésta no tenía chimenea, pero si era acogedora y súper simple... Esa era la casa de Doña Verónica y su hijo Hernán, ellos habían sido las amables personas que me habían ayudado cuando torpemente caí en esa micro del mal. En mi inconsciencia me llevaron al hospital y se hicieron cargo de mi casi como un amigo más de la familia. Pero no fue sólo eso. Entre su generosidad, y yo creo que la mezcla de mi cara de perro degollao´y de angelito, me llevaron a su propia casa, bueno, claro estaba, antes les había contado todo el cuento de mi tío (no el cuento del tío, ya?) y ellos me ayudaron y todo eso.

Hernán me dijo que me podía quedar en su pieza, que tenía un lugar dónde podría dormir. Subimos, y fue realmente genial. Casi como entrar a un paraíso de magia y de todas esas cosas que se ven en la televisión. La pieza era graaaaande y tenía muchos colores en las paredes, y otras figuras, y le pregunté por cada una de ellas, pero parece que no le gustaba mucho que le hicieran preguntas porque vi en su cara algo de así como nosé molestia, pero bueno, da lo mismo... Doña Verónica, que me había dicho que no le dijera más "Doña", sino Tía, me pidió que le avisara a mi mamá y que así le podría avisar a mi tío, y bueno así lo hice. Todo estaba solucionado.

Cuando ya eran como las 12 de la noche nos fuimos a acostar, ya habíamos hablado mucho de nuestra vida, de mi vida en el sur, de mi casa y mi familia, de mi mamita celinda, y de mi tata, y de mi vaca florencia y todo eso del sur. Y ellos me hablaron de su vida en Santiago. De la bip, del transantiago, de la gente, de arte (porque tía Verónica [jaja] era profesora de arte, y Hernán pintaba muy bien, si hasta se había ganado un premio súper importante). Cuando nos acostamos nos quedamos conversando con Hernán, y fue súper grato porque, de partida la casa ya se parecía a la mía, y segundo, él era amable, yo me había equivocado, no estaba molesto, sólo un poco extrañado de que alguien como yo preguntara tanto por sus pinturas... y pasada una hora, me dormí.


[Hoy debo dar gracias: Hernán, Diego, Cote, Fabián, La desconocida María José y "Mala Onda"]

lunes, 15 de octubre de 2007

Agustín anda perdido [2ª parte]


Un ojo abierto, otro cerrado, otro abierto, otro cerrado, que se pega uno y se abre el otro, que abro el otro y me llora el uno. Cuando desperté con suerte podía abrir los ojos, los sentía pesados y con una sensación desagradable, como con hormigas. Estaba en una salita, tirado en una cama, y en frente mío una señora que miraba fijamente mi cara. -¿Qué pasó?- pregunté con una voz algo cansada. -Te caíste en la micro y quedaste inconsciente, te trajeron de emergencia al hospital-. Y en ese preciso instante recordé todo; me tenía que bajar de la micro pero como frenó tan bruscamente, choqué con un fierro y puaj! Agustín tirado en el suelo. Entendí entonces que aquella mujer era la enfermera y como mi mamá me dijo que si no entendía cualquier cosa, preguntara, eso hize. -Me duelen los ojos ¿Qué tengo?- -Lo que pasó fué que chocaste con el fierro y luego caíste de frente al piso, según lo que nos explicaron cuando llegaste, entonces te pegaste en la nariz y debe ser también que en los ojos, porque los tienes algo hinchados-. Ahí entendí todo nuevamente, porque aquel cosquilleo, y porque el peso. Pero! ¿Y mi tío? Tenía que llegar a su casa y rayos! estaba ahí acostado! sin saber nada! Le pregunté a la enfermera si me podía levantar y me dijo que no, que tenía que estar en reposo y en observación. ¿Cómo iba a avisarle a mi tío que estaba ahí, si no tenía su número ni nada de él? Y aquí aparece Doña Verónica y su hijo Hernán...

martes, 10 de julio de 2007

Agustín anda perdido

Mi abuela siempre me decía "abrígate niño! que te vas a agarrar un bicho y te enfermarás", y a lo dicho, hecho. Apenas llegué a Santiago me agarré ese bicho. Son esas coincidencias que uno no quiere que sucedan, pero el destino ya las trae escrita en sus páginas. Estornudo tras estornudo; la mochila pesada llena de regalitos de mi mamá para mis tíos santiaguinos; el bolso con ropa para sobrevivir dos meses y mi teclado gigantón, eran mis pertenencias, que no siendo pocas, me hacían la llegada no muy grata.

Eran ya las 12 pasado meridiano, se suponía como todas las cosas de este mundo que suelen suponerse, que mi tío Valentín estaría esperándome en el terminal, pero creí que ya había pasado bastante rato desde las 10.30 anterior a meridiano, y me decidí a caminar. Caminé, caminé, caminé y caminé, y sólo sabía que debía llegar a la comuna de Providencia, y al no saber dónde se encontraba, utilizé mis dotes periodísticos y me puse a preguntar; la respuesta que logré entender, entre el chicleo, la mala modulación, y la buena "onda" de las personas fue que se encontraba hacia la cordillera.

Y partió mi viaje, mi mamá me había pasado una tarjeta BIS, BIM, BIP, algo así, pero entre las cantidad de cosas que traía, no la encontré, y tuve que gastar dinero del que me había dado mi hermano para comprarme un helado de esos que muestran en la tele que son gigantrópodos, y que uno se lo tiene que comer con cuchara, porque sino, se le cae. Compré la tarjetita, y me subí a una micro, que era bastante distinta a las del sure, porque allá son pequeñas y aquí eran laaargas, pero como no, si iba llena, si con suerte logré llegar a la primera puerta. Estando arriba pregunté dónde me tenía que bajar, pero como no tenía una dirección clara, sólo me dijeron "yo te aviso". Y pasarón calles, y calles, y unas iglesias, y muchas tiendas con varias cosas que no había visto nunca, y de repente, "ahora! bájate!" y ahh, todo asustado apreté el botón anaranjado y la micró no paraba nunca, comenzó mi desesperación, hasta que bruscamente frenó...

jueves, 28 de junio de 2007



Tan sólo un minuto

El cañonazo de las 12 retumbaba en los oídos de quienes transitaban por los alrededores del majestuoso cerro Santa lucía. Los paseos comerciales de Santiago recibían a sus visitantes, con su ir y venir, de tienda en tienda, de local en local viendo artículos para el hogar, probándose ropa para el próximo invierno, los remedios, el helado, viendo vitrinas sin poder comprar los 20 productos que se encuentran en oferta. La última semana del mes de marzo, los cuerpos agitados se topaban con otra gente >> igual de apurados <<, el sol, la ropa ni de invierno ni de verano, solo ropa, provocaban una sensación algo sofocante en el ambiente. Junto con aquellos transeúntes, estaban los vendedores, ofreciendo todo tipo de productos, de variadas características y servicios. Bebidas, helados, objetos de belleza, cd´s, y así hasta completar una gran lista.

El reloj del Banco del Estado marcaba las 13 horas, y el espacio comenzaba a completarse con la gente que suplían las vacías filas, en las que esperaban sus alegres cajeras para entregar su agradable servicio. El aire, acomodado a la temperatura adecuada, sufría cierto cambio, al ir ingresando los cuerpos, que llevando consigo boletas en mano, maletines, carteras, y bolsas, las cuales fueron llenadas con productos que anteriormente se compraron en los paseos comerciales de Santiago, veían hacia donde se tenían que dirigir.

Marcaban ya las 13 y 30 minutos de aquel día viernes, y las puertas giratorias de la entrada, cada vez giraban más y más, así como también los laberintos marcados por las barreras (que llegan hasta las cajas de pago, depósitos, entre otros), recibían a sus apurados seres que con caras impacientes y talvez algo aquejumbrados miraban la radiante sonrisa de la cajera haciendo las transacciones y llamando número por número a su nuevo personaje frente a la ventana. Y la fila se hacia interminable, y quedaban tan solo 10 minutos para el cierre del local. Cada par de pies moviéndose en su metro cuadrado esperando que su turno llegara y pudiera dar paso a su transacción. En la fila principal el movimiento de algunos pies de arriba hacia abajo, y de abajo hacia arriba con una variación constante, hacía resonar las tablas del piso que hacían la espera aún mas interminable.

El último día, era la última oportunidad para pagar cuentas, depositar dinero, pagar las patentes, hacer todas las cosas que se pueden hacer durante toda la semana, y mas aún, durante todo el mes, pero que por una extraña razón, mucha gente prefiere dejar aquellos trámites para los momentos en donde concurre la mayor cantidad de gente.

Y las puertas se cierran, y comienza la llegada de dos a tres personas que en las afueras del banco piden poder entrar, ellos dicen -tan sólo un minuto-, pero el guardia ya a hecho su labor, y el horario debe cumplirse, el minuto ya no sirve, el dinero se perdió, y las puertas no se vuelven a abrir hasta que comience el mes de abril.

Tomás Matus

martes, 26 de junio de 2007

hoy es el día, el tan soñado día, porque lo esperaba con ansias, una preparación que nunca resultó, que nunca me tomé el tiempo suficiente para hacerlo, pero que de un momento a otro me inspiré y me dije o es ahora o es ahora, y lo hice ahora! Lo primero que escribo es lo que nunca tenía pensado escribir, talvéz será algo vanal o fomeque, pero debía expresar cada una de las cosas que siento, cuando por fin me atrevo a escribir y crear... cosas que por cierto y humildemente no creo que haga tan mal; por un lado escribir, mi redacción siempre fue buena en el colegio , tanta pregunta a la profe dio un buen resultado jaja, de algo tendrá que servir aquí. Y por otro lado, crear, es que rayos tengo una imaginación taaan grande!, que veo una persona o un hecho o me cuentan una historia, y son miles y miles de ramas que florecen de aquella minúscula semilla!

pero uf! todo se verá en el camino! y como el vaivén de un columpio, alcanzando distintas velocidades, sintiendo pesos y no pesos, baúl de recuerdos y mágico castillo de sueños, comienza ésta historia, un tanto desordenada pero ya empezada.