lunes, 15 de octubre de 2007

Agustín anda perdido [2ª parte]


Un ojo abierto, otro cerrado, otro abierto, otro cerrado, que se pega uno y se abre el otro, que abro el otro y me llora el uno. Cuando desperté con suerte podía abrir los ojos, los sentía pesados y con una sensación desagradable, como con hormigas. Estaba en una salita, tirado en una cama, y en frente mío una señora que miraba fijamente mi cara. -¿Qué pasó?- pregunté con una voz algo cansada. -Te caíste en la micro y quedaste inconsciente, te trajeron de emergencia al hospital-. Y en ese preciso instante recordé todo; me tenía que bajar de la micro pero como frenó tan bruscamente, choqué con un fierro y puaj! Agustín tirado en el suelo. Entendí entonces que aquella mujer era la enfermera y como mi mamá me dijo que si no entendía cualquier cosa, preguntara, eso hize. -Me duelen los ojos ¿Qué tengo?- -Lo que pasó fué que chocaste con el fierro y luego caíste de frente al piso, según lo que nos explicaron cuando llegaste, entonces te pegaste en la nariz y debe ser también que en los ojos, porque los tienes algo hinchados-. Ahí entendí todo nuevamente, porque aquel cosquilleo, y porque el peso. Pero! ¿Y mi tío? Tenía que llegar a su casa y rayos! estaba ahí acostado! sin saber nada! Le pregunté a la enfermera si me podía levantar y me dijo que no, que tenía que estar en reposo y en observación. ¿Cómo iba a avisarle a mi tío que estaba ahí, si no tenía su número ni nada de él? Y aquí aparece Doña Verónica y su hijo Hernán...